La narcocultura en México, entre el poder y la muerte juvenil

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octubre 07, 2025

En un país como México, que registra más de medio millón de asesinatos y 130.000 desaparecidos en 19 años de guerra contra el narcotráfico, las expresiones culturales sobre este flagelo se han convertido en uno de los principales ejes para entender parte de la realidad convulsa de la sociedad, la cual se expresa en un complejo sistema de valores, códigos, creencias, prácticas y expresiones relacionadas con el narcomundo que con sus mensajes e imágenes impactan a los jóvenes.

Estas referencias culturales se pueden ver, escuchar, sentir, pensar y expresar en canciones, series, películas y ritos inspirados en el contexto del narcotráfico, la violencia, las contiendas entre grupos, los capos y las historias. Estas expresiones llevan simbolismos como valores, códigos, normas como la ostentación, la violencia y la corrupción, que según las condiciones del individuo influirán en su vida cotidiana en la aceptación, fascinación e incluso búsqueda por pertenecer a ese mundo.

La guerra contra las drogas

En el lejano 2006, el gobierno de Felipe Calderón Hinojosa (2006-2012) legitimó su mandato en función a militarizar al país y declararle la guerra al narcotráfico, lo que cambió todo el contexto en el territorio. Más de 50.000 militares salieron a patrullar las calles enfrentándose contra grupos del crimen organizado en ciudades y pueblos del país, dejando escenas de carros quemados, casas baleadas, cuerpos apilados, cientos de ellos en plazas, avenidas, puentes, carreteras, brechas y sembradíos. La guerra llegó a México, y con ella el horror.

Poco a poco el tema del narcotráfico se posicionó en los noticieros nacionales, y además se fueron creando blogs especializados en el tema, con escenas e imágenes siniestras que servían de insumo para múltiples contenidos que mantenían el rating de televidentes o suscriptores, y espectadores en teléfonos móviles. Poco a poco la sociedad mexicana fue reconociendo grupos, líderes y contiendas. Conoció más de cerca a los Carteles de Sinaloa, del Golfo y de Juárez, a los Caballeros Templarios, a la Familia Michoacana, a los Zetas, a los Beltrán Leyva, etc. Años más tarde la sociedad conoció al Cartel Jalisco Nueva Generación, que ahora es el grupo más grande, más fuerte y con mayor presencia en el país.

En la segunda mitad de la década del 2000 aparecieron empresas, casas productoras de música y producciones audiovisuales que comenzaron a apoyar las historias o agrupaciones que hablaban sobre contiendas, guerras y levantones, acontecimientos relacionados con la guerra contra el narcotráfico.

¿Pero antes de 2006 no había ya grupos que cantaban corridos relacionados con el narcotráfico? Sí, podemos recordar aquellos grupos del género “norteño” como los Tigres del Norte cantando Camelia la Texana (1974), La banda del carro rojo (1978) y Jefe de Jefes (1997), o a Chalino Sánchez con El crimen de Culiacán, (1992), o los Tucanes de Tijuana que posicionaron canciones como El cartel de a kilo (1995), Mis 3 animales (1995) y El centenario (1997), entre otras canciones.

En dichas producciones musicales los artistas creaban metáforas en torno al crimen organizado, como esa letra que dice: “vivo de 3 animales, que quiero como a mi vida, con ellos gano dinero, y ni les compro comida, son animales muy finos, mi perico, mi gallo y mi chivo”. Eran los años noventa, un mundo poco explorado en los medios que sin embargo se tocaba en los espacios públicos o en las casas. Muchas de estas canciones se convirtieron en películas de bajo presupuesto, pero con gran seguimiento e influencia en buena parte de la población.

Con la llegada de internet también cambió la manera como se consumían los productos culturales. Poco a poco los videos en plataformas fueron desplazando a los VHS, los casetes, los DVD, lo que implicó una elección individualizada de música, series y películas, haciendo más posible y rápido su acceso.

Fue hasta 2003 cuando el doctorJosé Manuel Valenzuelapublicó Jefe de jefes: Corridos y narcocultura en México, libro en el que analiza cómo las significaciones de la temática del tráfico de drogas, sus narrativas y expresiones influyen en la realidad que le da sentido a la condición juvenil, que ya no tiene referentes como las generaciones anteriores en el trabajo, la escuela o la familia, sino que cada vez más se identifica con las industrias culturales y los medios masivos de comunicación.

Aunque los narcocorridos se popularizaron hace más de 40 años, el tema se profundizó en el siglo XXI en producciones audiovisuales y medios de comunicación. Foto: Ed Jones/AFP.

De allí vinieron otros autores y académicos que comenzaron a analizar el tema de la “narcocultura”. Poco a poco se fue posicionando y analizando desde la música, la ropa, las prácticas religiosas, las producciones televisivas, los videos musicales, pero también se hicieron estudios sobre el consumo suntuario, el lujo que se tiene que mostrar, como las camionetas, las casas y las fincas, que constituyen una esperanza de vida, ascenso social y reconocimiento.

Otro elemento que dimensiona a la narcocultura es el de las mujeres, sexualizadas y presentadas como trofeos o como heroínas dentro de un mundo masculino y violento. Las industrias culturales fueron esculpiendo la idea del narcotráfico, las historias de vida, del éxito que implica pasar de la pobreza a la riqueza, y la narrativa se fue construyendo en un país en el que imperan la desigualdad, la pobreza y la cultura de la violencia.

México cambió a raíz del 2006: aunque antes había contiendas y muertes entre grupos rivales, no fue hasta el inicio de la guerra contra el narcotráfico que se desencadenaron la muerte y las desapariciones forzadas. Pero esta cara, diferente al consumo y el poder, no se mostraba en los productos culturales.

A la par del crecimiento de la violencia en México, se puede decir que las casas productoras comenzaron a apoyar a bandas y artistas que cantaban narcocorridos. Ese movimiento fue nombrado como “movimiento alterado” y sus canciones fueron llamadas como “corridos sanguinarios”, por lo explicitas de sus letras, cada vez más sangrientas; parecería que cuanto más violentas más populares en la población, porque eran disruptivas y plasmaban abiertamente lo que pasaba en México, un país desangrado por la guerra contra el narcotráfico. Surgieron artistas como el Komander o los Buknas de Culiacán, y con ellos diversos videos con armas, mujeres, carros, joyas y drogas. Sus letras sanguinarias provocaron diversas opiniones a favor y en contra, como por ejemplo Sanguinarios del M1, del grupo Bukanas de Culiacán del 2010. Aquí parte de su letra.

Con cuerno de chivo y bazuka en la nucaVolando cabezas al que se atraviesaSomos sanguinarios locos bien ondeadosNos gusta matar

Pa dar levantones somos los mejoresSiempre en caravana, toda mi plebadaBien empecherados, blindados y listosPara ejecutar

Con una llamada privada se activanLos altos niveles, de los aceleresDe torturaciones, balas y explosionesPara controlar

Al tiempo que la guerra se profundizaba en México, sus gobiernos seguían militarizando al país y las organizaciones criminales pasaron de 20 en 2006 a 200 en 2025. Células, carteles, grupos, fracciones de los grupos del narcotráfico, tampoco pararon la violencia, por el contrario, se profundizó. En el gobierno de Felipe Calderón (2006-2012) se registraron 121.613 personas asesinadas, en el de Peña Nieto (2012-2018) 156.212, y en el de Andrés Manuel López Obrador (2018-2024) 199.977. Podemos decir que en México la guerra contra el narcotráfico ha dejado 500.000 personas asesinadas –muchos de ellos jóvenes– y más de 130.000 desaparecidos en 19 años de guerra contra el narcotráfico.

El mensaje que llega a los jóvenes

Se tiene el contexto de pobreza que vive la sociedad mexicana y latinoamericana sobre todo los jóvenes que viven en la precariedad. Pero, por otro lado, se tiene la oportunidad laboral de trabajar para algún cartel, del cual pueden pagar por encima de la media nacional. Muchos de estos jóvenes ingresan a las filas del narcotráfico con los riesgos que este conlleva. Algunos estudios indican que la vida laboral de alguien que trabaja en el narcotráfico es de 3 a 5 años, porque los matan, los desaparecen o los encarcelan. Pero como dice la canción “vivir tres años como rey a toda la vida como guey”.

Hay que dejar algo en claro que el narcotráfico es una empresa capitalista con altas ganancias que también implica altos riesgos para la vida; en ese sentido ha creado elementos culturales, la mayoría construidos a partir de la sociedad, otras de las grandes industrias culturales, y otras veces financiados por los grupos del narcotráfico para hablar bien de algún capo o grupo, o mandar algún mensaje a sus contrincantes.

En 2019 se realizó el estudio “Fascinación por el poder: consumo y apropiación de la narcocultura por jóvenes en contexto del narcotráfico”, con la participación de la doctora América Becerra. La investigación se adelantó con jóvenes estudiantes de la comunidad de Pantanal, a las afueras de la ciudad de Tepic, capital del estado de Nayarit en el pacífico mexicano, estado colindante con Jalisco y Sinaloa, dos de los más violentos del país. La comunidad de Pantanal se caracteriza no solo por estar cercana al aeropuerto de la ciudad, o por su vocación agrícola y ganadera, sino por ser reconocida como el “pueblo de los narcos”. Es bien sabido que la formación de grupos del narcotráfico se ha desarrollado allí por lo menos desde hace 30 años.

¿Qué fue lo que encontramos? Muchos de los jóvenes gustan de la cultura del narco y todas sus formas de expresión como la música, las series y la moda, lo que va creando nociones e ideas en torno a la actividad del narcotráfico, como por ejemplo que esta puede ser una oportunidad para salir de la pobreza, idea siempre presente sobre todo en la música o en las series televisivas. Otro elemento a destacar fue el poder, ese que da el dinero producto del narcotráfico para acceder a lujos como carros, casas, viajes, joyas o mujeres. El poder está atravesado entonces no solo en la significación de estos jóvenes, sino que también está implícito en el mensaje de las producciones culturales: “quien tiene poder lo tiene todo”, mencionaron.

Se puede concluir que el contexto hace que el pensamiento y sentir de las personas formen su propia opinión, idea y práctica. En ese sentido podemos entender que, si en México no hubiera narcotráfico, no habría guerra, y si no hubiera guerra no habrían 500.000 personas asesinadas y más de 130.000 desaparecidas; en conclusión, no habría estas expresiones culturales.

Segundo, el Gobierno y parte de la población criminaliza a quien reproduce narcocorridos, argumentando especialmente que hacen apología al narcotráfico y se hace toda una campaña para linchar y enjuiciar a quienes reproducen este tipo de música, al igual de quienes escuchan o consumen los elementos de la “narcocultura”. Pero la cultura de paz en México implica mejorar las condiciones de vida de cientos de miles de familias mexicanas que viven en la extrema pobreza, de darle justicia con dignidad a los familiares de desaparecidos, a los familiares de víctimas de personas que han perdido a alguien en esta guerra que no parece terminar. Pero todo ello no se puede hacer si no se cambia el rumbo, si no creamos otra sociedad diferente a la del capitalismo de muerte, que es lo único que nos ha presentado el narcotráfico.

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